El Benfica gana al Madrid y manda al club a la repesca

El Real Madrid naufragó en Da Luz con una derrota que va mucho más allá del 4-2: el Benfica le sacó de la élite europea de esta Champions y dejó claro que, quizá, Xabi Alonso no era tan malo como algunos quisieron vender.

El partido empezó con un espejismo perfecto: Mbappé adelantó al Madrid a la media hora y durante unos minutos pareció que el equipo de Arbeloa tenía el control emocional del choque. Pero el Benfica olió sangre en cada duda blanca; Schjelderup empató antes del descanso y Pavlidis, desde el punto de penalti en el añadido, dio la vuelta al marcador y desnudó las viejas inseguridades defensivas que este Madrid nunca ha terminado de corregir.

La segunda parte fue el retrato de un equipo partido en dos: arriba, talento a ráfagas; atrás, un castillo de naipes. Schjelderup firmó el 3-1 y, aunque Mbappé volvió a aparecer para poner el 3-2 y alimentar la esperanza, el Madrid nunca dio sensación real de control. Los números delatan la hecatombe: 23 remates del Benfica por 16 del Madrid, menos posesión para los portugueses pero mucha más claridad en cada llegada, y una sensación permanente de que cada transición local era una ocasión de gol.

La recta final convirtió la noche en pesadilla: primero cayó expulsado Asencio y después Rodrygo, en un tramo en el que el Madrid perdió la cabeza y el Benfica olió la oportunidad de cerrar una victoria histórica. El 4-2 definitivo, obra del portero Anatoliy Trubin de cabeza en el 90+8, fue algo más que un gol que clasificaba al conjunto de Mou: fue una humillación simbólica, la imagen de un Madrid descolocado, incapaz de defender ni siquiera una falta lateral en el último suspiro.

Esta derrota llega con una lectura inevitable: el proyecto ha cambiado de cara en el banquillo, pero muchos de los problemas son los mismos. Se le señaló a Xabi Alonso como parte del problema y hoy, viendo a un equipo blando, mal gestionado en los momentos críticos y expulsado del top‑8 europeo, cuesta no pensar que aquel técnico estaba, como mínimo, en el top 3 de soluciones que tenía el club para este vestuario. El Benfica de Mourinho no solo ganó un partido; puso un espejo delante del Madrid y enseñó que el discurso del “reset” se queda vacío si el equipo sigue defendiendo igual de mal, gestionando igual de mal las crisis y dependiendo siempre de que Mbappé lo tape todo.

El Madrid sigue vivo, pero tiene que pasar por una cita previa en dieciseisavos, ante Benfica o Bodo-Glimt par recuperar ese lugar de privilegio que antes daba por descontado. La noche de Lisboa se marcha dejando una certeza incómoda: el problema no era solo de Xabi, y si el club no asume que su supuesto “nuevo ciclo” tiene grietas muy viejas, esta hecatombe en Da Luz puede ser solo el primer aviso serio de un año que aspiraba a todo… y hoy ni siquiera parece tener claro a qué quiere jugar.

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