El Real Madrid se agarró a la Liga en el minuto 100: un penalti transformado por Mbappé dio un 2-1 agónico ante el Rayo Vallecano en un Bernabéu que pasó del enfado a la euforia en cuestión de segundos.

El equipo de Arbeloa arrancó golpeado por la lesión de Bellingham, que se fue entre lágrimas con problemas musculares cuando apenas se había cumplido el primer cuarto de hora, pero reaccionó pronto apoyado en Vinicius. El brasileño, que no marcaba en Liga desde el 4 de octubre, rompió su sequía con un derechazo teledirigido a la escuadra tras una pared con Brahim, poniendo el 1-0 y la sensación de que el Madrid podía tener una tarde relativamente tranquila.
Esa sensación se evaporó nada más volver del descanso. En el 49’, un balón largo al segundo palo lo devolvió Álvaro García al corazón del área y Jorge de Frutos apareció solo para empatar, castigando la pasividad de la zaga blanca y reivindicando la famosa ley del ex. El 1-1 dejó al Madrid tocado y regaló al Rayo el escenario que quería: bloques juntos, contraataques claros y un Bernabéu que pedía la dimisión de Florentino y gritaba «fuera, fuera» a sus jugadores y entrenador.
Con el marcador nivelado, el partido se convirtió en un ejercicio de resistencia para el Rayo y de frustración para el Madrid. Courtois tuvo que sacar un mano a mano enorme ante Andrei Rațiu para evitar el 1-2, mientras que Mbappé mandó al larguero una vaselina con el portero vendido que olía a gol de campeón… y se quedó en suspiro. Camavinga también rozó el 2-1 con un cabezazo al poste, prueba de un Madrid que llegaba por acumulación más que por claridad, chocando una y otra vez contra el entramado de Vallecas.
El choque cambió definitivamente cuando Pathé Ciss vio la roja directa por una entrada alta sobre Ceballos, dejando al Rayo con diez y al Madrid con una superioridad que, aun así, le costó convertir en ocasiones limpias. Cuando el 1-1 parecía inamovible, en el 90+10 llegó la jugada clave: Nobel Mendy derribó a Brahim dentro del área y el árbitro señaló un penalti que incendió las protestas visitantes. Mbappé, que ya había fallado una muy clara, no dudó esta vez: engañó a Batalla, puso el 2-1 y desató un grito de alivio más que de alegría en un estadio que sabe que el francés está sosteniendo este débil e incierto Real Madrid.
Entre tanta montaña rusa quedó otro detalle nada menor: Vinicius vio en el tramo final su quinta amarilla del campeonato tras un rifirrafe con Akhomach que el árbitro saldó con tarjeta para ambos. “Casualmente”, el brasileño vuelve a quedarse sin jugar en Mestalla, uno de los escenarios más calientes de la Liga y donde ya se perdió otros compromisos por sanción, alimentando el debate sobre su gestión emocional y sobre hasta qué punto el Madrid puede permitirse perder a una de sus estrellas en citas tan señaladas.
El 2-1 mantiene al Madrid en la pelea por el título, pero la forma de conseguirlo —sufriendo ante un Rayo que llegó a soñar con el golpe grande— y la baja de Vinicius para Valencia dejan la sensación de que, más allá de Mbappé, el equipo sigue viviendo demasiado al límite.
