El Real Madrid salió de La Cerámica con algo más que tres puntos: ganó 0-2 al Villarreal, se acostó líder y reforzó la sensación de que el impulso de Mónaco no fue un espejismo, sino el principio de un equipo que empieza a parecerse a lo que Arbeloa quiere.

El primer tiempo fue un intercambio de golpes más controlado de lo que sugiere el marcador final. Villarreal, fiel a su estilo, aceptó el reto de jugarle de tú a tú al Madrid, con Gueye y Parejo mandando por momentos en la medular y Buchanan y Gerard Moreno apareciendo entre líneas. La mala noticia llegó muy pronto: Juan Foyth cayó lesionado en una acción sin aparente contacto violento y todo apunta a una grave lesión en el tendón de Aquiles, un golpe duro para el Submarino que enfrió el ambiente y obligó a reconfigurar la zaga local.

El Madrid alternó tramos de presión alta con fases de bloque medio, buscando las carreras de Mbappé y Vinicius a la espalda. La ocasión más clara, sin embargo, fue de Pape Gueye, recién coronado campeón de África: remate franco que se marchó desviado y dejó vivo a un equipo blanco que aún no encontraba continuidad con balón.

Nada más volver del descanso, el partido se inclinó. Vinicius, que había vivido una primera parte irregular, encontró el desborde que llevaba 45 minutos persiguiendo: internada por la izquierda, centro tenso que Gueye no acierta a despejar y balón suelto en el área que Mbappé transforma en el 0-1 con la frialdad de siempre. El tanto no sólo cambió el marcador, también el guion emocional: el Madrid empezó a mandar más cerca del área del Villarreal, a juntar pases en campo rival y a encontrar a Bellingham más arriba, mientras los amarillos necesitaban correr más metros para llegar a Courtois.

Aun así, el partido nunca estuvo roto. El Submarino siguió vivo, sobre todo a balón parado: en una jugada de estrategia, Gerard Moreno tuvo el empate en un disparo a la altura del punto de penalti que se fue por encima del larguero, la ocasión que resumió la sensación local de haber merecido, al menos, un gol.

Cuando el partido se encaminaba a un final de sufrimiento clásico, una transición blanca en el añadido terminó en penalti: Mbappé atacó el espacio, forzó la acción dentro del área y el árbitro César Soto no dudó en señalar los once metros. El francés cerró la noche con gesto de jerarquía: penalti a lo panenka, dedicado a Brahim, , 0-2 en el 90+4 y un nuevo capítulo en su colección de imágenes icónicas con la camiseta blanca. Con ese doblete, Mbappé se consolidó aún más como pichichi de LaLiga, con 21 goles, siete por encima de Muriqi, y convirtió una victoria sufrida en un mensaje de poder en la clasificación.

La Cerámica volvió a ser un examen exigente y el Madrid lo superó con una mezcla de oficio defensivo (Courtois, Asencio y Huijsen firmes atrás), pegada diferencial y un Mbappé que sostiene muchas de las certezas del proyecto. Para Arbeloa, el 0-2 vale por lo que suma y por lo que confirma: tras el 6-1 al Mónaco, el equipo ya ha encadenado dos salidas de nivel —Albacete aparte— en las que ha sabido sufrir, golpear cuando tocaba y, sobre todo, empezar a comportarse otra vez como un líder que va a buscar la Liga en campos donde otras temporadas se la dejaba.

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