El Real Madrid sobrevivió a El Prado con más alivio que autoridad: ganó 2-3 al Talavera con tres goles fabricados por Mbappé, pero terminó encerrado en su área, pidiendo la hora y con la sensación de que la Copa sigue siendo un examen más que una vía de escape.

Un 0-2 engañoso al descanso
Xabi Alonso tiró de rotaciones, sistema con tres centrales y muchas piernas jóvenes para un partido que, sobre el papel, debía servir para rodar ideas y pasar de ronda sin sustos, pero el guion se fue torciendo pese al 0-2 al descanso. El Madrid embotelló poco a poco al Talavera, pero apenas encontró claridad hasta el 41’, cuando Cuadra Fernández señaló una mano en el área local —sin VAR en estas rondas— y Mbappé convirtió el 0-1 desde los once metros, una decisión que dejó discusión en la grada. Justo antes del descanso, otra acción del francés pisando línea de fondo acabó en el 0-2 tras un rebote desafortunado en Manu Farrando, un autogol que maquillaba mejor el marcador que el juego.
La segunda parte arrancó con un Madrid más conservador, controlando la pelota pero sin matar la eliminatoria, mientras el Talavera se animaba a base de fe y empuje de su gente. Lunin tuvo que aparecer pronto para desactivar el primer intento serio de los de Sandroni y, aunque el Madrid siguió generando ocasiones —con llegadas de Mbappé, Ceballos, Güler o Gonzalo—, siempre dejó viva la sensación de que bastaba un gol local para encender la noche.
El 1-3 llegó tarde y de la forma más cruel para el Talavera: en el 88’, Mbappé probó desde media distancia con un disparo aparentemente manso y el portero Jaime González falló en el blocaje, permitiendo que el balón le superara tras un bote envenenado. Ese tanto parecía definitivo, pero el Madrid volvió a complicarse solo.
Con todo decidido, una falta innecesaria de Bellingham en la frontal en pleno descuento dio vida al Talavera: Di Renzo aprovechó el libre directo, el balón besó el larguero, botó dentro y puso el 2-3 en el 90’+1, despertando a un estadio que pasó de la resignación a creer en la prórroga en cuestión de segundos. El tramo final fue un asedio azulón: córners, centros laterales y una última ocasión que Lunin desvió con una parada clave en el 93’, evitando que la Copa se convirtiera en un incendio aún mayor para el Madrid.
El pitido final dejó un balance extraño: clasificación cumplida, hat-trick de influencia de Mbappé (dos goles y el autogol provocado) y otro partido en el que el Madrid fue incapaz de cerrar lo que tenía controlado. El Talavera se marchó ovacionado por su gente, con la sensación de haber rozado la proeza; el Madrid, con la cara seria de Xabi Alonso y la certeza de que, en esta Copa, cada visita a un campo modesto le está recordando lo frágil que puede ser cuando baja una marcha.
