Un hat-trick del canterano, el regreso del colmillo ofensivo y la energía del mediocampo de Xabi devuelven al Madrid una versión reconocible ante un Betis desbordado desde la media hora

El Bernabéu necesitaba señales de que el equipo seguía ahí y las encontró en forma de goleada y relevo generacional: el Real Madrid desarmó 5-1 al Betis en una tarde que ya pertenece a Gonzalo García, autor de un hat-trick que mezcló oportunismo, instinto y desparpajo. Xabi Alonso, al que últimamente todo le caía del lado feo del cuento, firmó un triunfo que conectó con la idea de su proyecto: presión alta, mediocampo dominante y un ataque que llega en oleadas, esta vez sin necesidad de milagros finales. El Betis, valiente en la puesta en escena, acabó convertido en sparring de lujo de un Madrid que por momentos jugó “entre líneas” con una claridad que no siempre ha tenido esta temporada.​

Xabi se alejó del once de emergencia y apostó por un equipo muy reconocible en jerarquías, aunque con matices en los nombres: Courtois; Valverde y Carreras como laterales largos, Rüdiger y Asencio atrás; Tchouaméni y Camavinga en la base, Bellingham como faro; Vinicius, Rodrygo y Gonzalo arriba. La idea fue clara desde el primer minuto: laterales agresivos, Valverde como falso lateral interiorizando muchos metros, Bellingham flotando entre líneas y los tres de arriba atacando la espalda de una defensa bética que sufrió cada vez que el Madrid aceleró por fuera.​

El Betis de Pellegrini, quien aun no ha conseguido vencer al Real Madrid en 16 enfrentamientos, intentó mantener su ADN de equipo asociativo, pero pronto se vio obligado a replegar un paso más atrás de lo previsto. El doble pivote verdiblanco no encontró ni alturas ni líneas de pase limpias para conectar con los mediapuntas, asfixiado por la presión tras pérdida de Camavinga y Bellingham, que cerraban por dentro mientras los extremos blancos corrían por fuera.​

El partido se explicó muy pronto desde una jugada que parecía menor: una falta lateral trabajada, un centro con música de Rodrygo y la aparición de Gonzalo en el minuto 20, atacando el espacio como un delantero veterano para cabecear el 1-0 al palo largo. Ese gol no fue solo un tanto; fue el punto de ruptura emocional del encuentro, porque a partir de ahí el Madrid empezó a jugar con una autoridad que hacía semanas no se veía, mandando en la presión, encadenando ataques y obligando al Betis a vivir demasiado cerca de su área.​

Tras el descanso, el guion se inclinó definitivamente: al 50’, una jugada larga del Madrid terminó con Gonzalo enganchando el 2-0, de nuevo leyendo mejor que nadie dónde caería el balón dentro del área. El 3-0 llegó en el 56’ y fue la confirmación de que el plan de Xabi tenía sentido: Raúl Asencio, desde el lateral, sorprendió llegando desde atrás para rematar una acción a balón parado y apuntarse un gol que también es premio a su crecimiento silencioso en la rotación.​

El Betis amagó con meterse en el partido cuando Cucho Hernández aprovechó un error atrás para plantarse ante Courtois y firmar el 3-1 en el 66’, pero fue un espejismo más que una amenaza real. El Madrid no se descompuso, siguió atacando con criterio y cerró cualquier atisbo de remontada con un final de partido demoledor: Gonzalo completó su hat-trick en el 82’, definiendo dentro del área con la confianza de quien sabe que ese día el foco le pertenece, y Fran García puso el 5-1 en el añadido tras un córner peinado por Valverde.​

Más allá de la manita, la sensación que dejó el partido es que el Madrid volvió a parecer un equipo: líneas juntas, mediocampo dominante, presión coordinada y un ataque que no depende de una sola estrella sino de la dinámica colectiva. Y, sobre todo, la tarde sirvió para fijar una imagen potente: mientras el debate alrededor de los galones se eterniza, un canterano llamado Gonzalo García eligió el 4 de enero de 2026 para decirle al Bernabéu que el futuro ya no es una promesa, sino un futbolista que vive —y marca— entre líneas.

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