El Real Madrid convirtió el Clásico de Euroliga en una declaración de poder: 80-61 al Barça, cuarta victoria seguida ante los azulgranas en la competición y una defensa que dejó al eterno rival en su peor anotación del curso

El Movistar Arena entendió pronto de qué iba la noche: Tavares firmó los seis primeros puntos blancos, dominó el rebote ofensivo y marcó un 10-2 de salida que encendió al pabellón y dejó al Barça a remolque desde el salto inicial. Con Campazzo manejando el ritmo, Hezonja y Maledon sumando desde el perímetro y Okeke cerrando su aro, el Madrid se llevó el primer cuarto 21-14, imponiendo físico, concentración y una sensación constante de superioridad en las dos zonas.​

El segundo cuarto confirmó el guion: la segunda unidad madridista no bajó el listón y, con Lyles aportando puntos y Deck y Garuba clavando triples, la ventaja se fue hasta +11 (32-21) y luego +12 al descanso (43-31). El Barça amagó con engancharse con pequeñas rachas de anotación, pero la defensa en zona blanca, el dominio del rebote y la solidez desde el tiro libre ahogaron cada intento de remontada azulgrana.​

Tras el descanso, Brizuela y Laprovittola intentaron cambiar la historia: parcial para ponerse 45-40 y sensación de que el Clásico podía romperse por fin hacia el lado culé. La respuesta del Madrid fue un 10-0 de manual, apoyado otra vez en el rebote, en la intimidación de Tavares y en un Hezonja que asumió tiros importantes, para disparar el marcador hasta el 55-40 primero y el 63-47 al final del tercer cuarto.​

En el último cuarto, el Barça ya parecía más preocupado por no salir humillado que por pelear la victoria, y ahí emergió el despliegue definitivo de Garuba: puntos, rebote, energía y robos para mantener la renta blanca siempre por encima de los 15 puntos. El cuarto triple sin fallo de Deck, la seriedad de Lyles y los últimos chispazos de Hezonja llevaron la brecha hasta el 80-61 final, una paliza que iguala a ambos en la clasificación (14-8) pero deja al Madrid por delante por el average directo.​

El Clásico dejó una imagen muy nítida: el Madrid de Scariolo fue más duro, más largo y más consistente en todos los tramos del partido, mientras el Barça se vio reducido a rachas sueltas sin continuidad. En un calendario que no perdona, la Euroliga se despertó con un mensaje claro desde el Movistar Arena: cuando el Madrid defiende a este nivel, controla el rebote y reparte protagonismo entre Tavares, Deck, Garuba y compañía, el Clásico deja de ser una moneda al aire para convertirse en territorio muy blanco.

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