El Real Madrid pierde 0-1 contra el Getafe en el BernabéuEl Real Madrid pierde 0-1 contra el Getafe en el Bernabéu

El fútbol, a veces, es un espejo incómodo. El Real Madrid quiso correr antes que pensar. El Getafe CF, disciplinado y afilado, resistió como una muralla y golpeó como un martillo. Un 0-1 que no fue casualidad, sino consecuencia. Dieciocho años después, el equipo azulón volvió a ganar en el Bernabéu.

Real Madrid 0-1 Getafe
Real Madrid 0-1 Getafe || Paula Gutiérrez Vilarnau

La noche tenía un nombre propio antes de empezar: Thiago Pitarch, titular y debutante en Liga. Un gesto de valentía —o de necesidad— de Álvaro Arbeloa, que sigue moldeando un equipo a su imagen: ordenado atrás y vertical en cuanto recupera. El problema es que no siempre hay campo para correr.

En el minuto 13 se vio el plan. Robo, transición y autopista para Vinícius Júnior. Mano a mano ante David Soria. El brasileño eligió el palo corto; el portero, temple. Ganó el azulón. Fue la primera gran ocasión y también un presagio: el Madrid solo encontraba sentido cuando el partido se rompía.

El problema surge cuando no hay transición posible. Y que le vas a contar al Getafe de Bordalás. Un 5-4-1 rocoso, líneas juntas, cero concesiones por dentro y ayudas constantes por fuera. El balón era blanco, pero la sensación de control no. Al equipo de Arbeloa le faltó imaginación y le sobró ansiedad. Circular no es lo mismo que gobernar.

Arda Güler intentó descoser la costura con una marsellesa deliciosa dentro del área, un giro que fue verso libre en medio de tanta rigidez. Pero otra vez apareció Soria para apagar el incendio. El balón era blanco; el control emocional, azulón.

Y en el 40 llegó el castigo. El Getafe había rematado más, aunque sin claridad. Hasta que la tuvo. Rechace perdido en la frontal, duda defensiva y aparición de Martín Satriano. Volea directa, seca, a la escuadra de Thibaut Courtois. Un latigazo perfecto. El 0-1 fue un relámpago en un cielo espeso.

El Bernabéu despidió a los suyos al descanso con pitidos. No eran solo por el marcador; eran por la sensación de impotencia.

La segunda parte fue un eco de la primera, como si el partido estuviera atrapado en un bucle. Centros laterales que cruzaban el área sin destinatario, remates forzados sin convicción, intentos más impulsivos que lúcidos. El Madrid empujaba, sí, pero como quien golpea una puerta blindada con los nudillos.

El Getafe defendía cada metro como si fuera el último. No necesitó más goles. Le bastó con el orden, la solidaridad y el reloj. Fue una nueva masterclass de Bordalás: convertir el partido en lo que él quiere que sea, reducirlo a su terreno, hacerlo incómodo hasta la asfixia.

El 0-1 no se movió. Y el dato retumbó tanto como los silbidos finales —breves, antes de que la megafonía los diluyera bajo el himno—: el Getafe no ganaba en el Bernabéu desde hacía 18 años. Además, en la última década el Madrid ha jugado seis partidos en lunes y solo ha ganado dos. Las noches fuera del fin de semana empiezan a ser territorio incierto.

La derrota también tiene lectura en los banquillos. Con este tropiezo, Arbeloa iguala las cuatro derrotas que sufrió Xabi Alonso en su etapa. El tolosarra cayó ante el Celta, el Liverpool en Anfield, el Barça y el City —estos dos últimos sin Mbappé—. Arbeloa, en menos de dos meses, ya ha perdido frente a Osasuna, Albacete, Getafe y Benfica. Contextos distintos, pero números que pesan.

El Bernabéu se fue apagando poco a poco, como una luz que titila antes de fundirse. El Getafe celebró en silencio, consciente de la magnitud. El Madrid, en cambio, se quedó frente al espejo. Y el reflejo no fue amable.

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