El tono de la rueda de prensa previa a Balaídos fue el de un entrenador tocado por las dos últimas derrotas, pero que se agarra al escudo, a la Liga que aún está viva y a la épica de “este es el Madrid” para sostener el discurso antes de un partido trampa ante un Celta crecido.
Arbeloa abrió la comparecencia repitiendo un mantra que ya es habitual cada vez que pisa un campo como Balaídos: salida difícil, rival muy trabajado, con confianza, que está jugando muy bien y un ambiente siempre caliente en la grada. No rebajó en ningún momento el nivel de exigencia: “Complicado y exigente”, insistió, dibujando un contexto que no admite medias tintas para un equipo que busca rehacerse después de dos golpes seguidos.
Cuando le preguntaron por el bajón de juego y las malas sensaciones, no escondió que dos derrotas pesan el doble en un club como el Real Madrid, donde la exigencia y las expectativas no perdonan. Habló de “gestionar las derrotas” como un reto en sí mismo y dejó claro que, más allá del pasado inmediato, todo pasa por el nivel que den mañana: “Depende de nosotros, de nuestra seguridad y confianza. El pasado no existe”. No se entretuvo en autopsias del tropiezo, porque sabe que en este club solo importa ganar el siguiente partido.
El nombre de Mbappé apareció pronto. Le plantearon si lo tenía “todo claro” con el francés, que sigue en Francia recuperándose. Arbeloa tiró de tranquilidad: dijo que habla con él todos los días, que tienen controlado el proceso y que van a ir “día a día con sus sensaciones”. Cada día está mejor, subrayó, sin alimentar ni alarmismos ni promesas de plazos imposibles. En la misma línea de calma se refirió a Jude, dejando claro que todo el plan de recuperación está organizado por los servicios médicos del club.
La pregunta inevitable fue si el Madrid iba a tirar la toalla en Liga, con la distancia creciente y el City asomando en Champions. Arbeloa fue contundente: “Mañana jugamos. Déjanos tener la ilusión de sacar los tres puntos de mañana. Estamos a cuatro puntos, no a 18. Mientras podamos luchar lo haremos. Y si llega el momento en que es imposible matemáticamente, lucharemos igual. Yo entiendo el Madrid así”. Recalcó que quedan 36 puntos por disputarse y que su único objetivo es ir a por todos, dejando claro que en este club no se levanta la bandera blanca.
Sobre la posibilidad de terminar la temporada sin títulos, evitó entrar al barro del titular fácil: “Solo pienso en mañana, en lo que voy a trabajar con mis jugadores”. Ante la crítica de que “el efecto Arbeloa duró pocos partidos” y que el equipo no juega bien, respondió casi de manual: “Aquí solo importa ganar el siguiente partido”. Admitió que podrían hablar de aprendizaje, pero que eso sirve de poco si no se traduce en resultados. Aun así, defendió a su plantilla: recordó que es un grupo con mucho talento y que su objetivo es sacar una mentalidad más ambiciosa, acorde al escudo, luchando más y dando más de sí.
Las bajas fueron otro de los grandes ejes de la rueda de prensa. Con hasta diez ausencias posibles y solo un central sano, le preguntaron qué vueltas le daba a esa situación. Arbeloa respondió con ironía: “Me lo pone más fácil, tengo que pensar menos”, soltó entre risas. Luego se puso serio: “Con confianza. Esto es el Madrid, nos tenemos que crecer ante las adversidades. Nos miden cuando las cosas se ponen difíciles. Es muy fácil ser un gran profesional y ponerse esta camiseta cuando las cosas van bien. Es ahora cuando hay que demostrar quién la merece”. Confirmó que para mañana solo tiene un central disponible, que Alaba no llega, que creen que Asencio sí, y que, si no se recuperan, jugará uno de los canteranos: Aguado o Lamini.
También tuvo que salir en defensa de los más jóvenes, en especial Huijsen, muy señalado por la grada en los últimos partidos, y Mastantuono. Recordó que el Juvenil A está lleno de chicos de su edad, que jugar en el Madrid no es jugar en cualquier equipo del mundo y que mira lo que se decía de Vinícius cuando llegó: “Voy a tener mucha paciencia con jugadores de ese nivel y potencial. Tienen toda mi confianza, van a ser muy importantes en el futuro y en el presente”. Aprovechó para pedir comprensión al aficionado: que les exijan como exige el escudo, pero que también les animen porque se van a equivocar.
En el mismo tono autocrítico, habló de Brahim cuando le cuestionaron si había perdido protagonismo. Le quitó cualquier tipo de culpa al jugador: “No ha pasado nada, está jugando menos de lo que merece, el responsable soy yo”. Reconoció que puede sacarle más partido y que va a hacer el esfuerzo para ello, un mensaje que suena a autocrítica y a promesa interna de ajustar las rotaciones.
En cuanto a la irregularidad del equipo, Arbeloa admitió que no han tenido el tiempo de trabajo que les gustaría: “Hemos tenido más partidos que entrenamientos”. Señaló la falta de continuidad tanto en resultados como en juego y la necesidad de ser capaces de sostener un rendimiento más estable pese al calendario. No buscó excusas, pero sí contextualizó la dificultad de construir un bloque sólido con tantas lesiones, sanciones y cambios de plan.
La crónica de la rueda de prensa deja la imagen de un Arbeloa consciente de la tormenta —las derrotas, las bajas, la crítica al juego—, pero que se refugia en una idea fija: esto es el Real Madrid y aquí no se rinde nadie mientras queden puntos en juego. Balaídos será, una vez más, un examen a su discurso.

