El Real Madrid se reconcilió con la Champions y con el Bernabéu a base de goles y símbolos: 6-1 al Mónaco, doblete de Mbappé, exhibición de Vinicius, estreno de Mastantuono y gol de Bellingham para firmar la noche más redonda de la temporada europea.

El partido duró lo que tardó el Madrid en activar su vieja versión de avalancha: al minuto 5, Mbappé ya había castigado a su exequipo atacando el espacio, control perfecto y definición seca al palo corto para el 1-0 que abrió la caja de truenos. Mónaco nunca encontró cómo defender la mezcla de movilidad y velocidad del tridente blanco, y en el 26’ el francés repitió sentencia, esta vez llegando al punto de penalti para empujar un centro raso tras una jugada larga por dentro. 2-0, sensación de superioridad incontestable y un Bernabéu que empezaba a parecerse otra vez al de las grandes noches.
Lejos de contemporizar, el Madrid olió sangre y salió del descanso con más hambre que necesidad. Vinicius, hiperparticipativo y mucho más lúcido que en sus últimas apariciones ligueras, se inventó el 3-0 con una acción que resume su talento: arrancó desde la izquierda, fijó a su par, tocó y se desmarcó para acabar asistiendo a Franco Mastantuono, que controló en el área y cruzó con calma para celebrar su primer gol en el Bernabéu como si llevara toda la vida allí.
El 4-0 llegó poco después y volvió a llevar la firma del brasileño, esta vez como castigo a la defensa monegasca: otra internada por la izquierda, pase tenso al corazón del área y Kehrer, en su intento de despejar, se marcó en propia puerta. En apenas diez minutos de la segunda parte, el Madrid había convertido un buen partido en una paliza europea.
Faltaba el premio más evidente: el gol de Vinicius. Lo encontró en el 63’: control orientado en la frontal, recorte hacia dentro y rosca al palo largo, un disparo de autor que sonó a reconciliación con la grada después de semanas de pitos y dudas. El Bernabéu le respondió en forma de ovación, consciente de que los mejores tramos de la noche habían nacido de sus botas.
Mónaco, superado pero no rendido, encontró su pequeño consuelo en el 72’, cuando Jordan Teze cazó un balón suelto en el área para hacer el 5-1, una concesión defensiva que evitó la portería a cero de Courtois pero no alteró el relato del partido. El capítulo final quedó reservado para Bellingham: en el 80’, el inglés apareció desde segunda línea para controlar en la frontal y ajustar un disparo cruzado que puso el 6-1 definitivo, certificando un marcador tan contundente como liberador para un equipo que venía de demasiadas noches grises.
Más allá del resultado, la sensación que dejó el 6-1 es que el Madrid encontró por fin la versión que se exige a sí mismo en Europa: presión alta coordinada, mediocampo dominante con Tchouaméni y Camavinga, y un ataque en el que Mbappé, Vinicius y Bellingham se sienten más socios que islas. La goleada ante Mónaco no garantiza nada a futuro, pero sí devuelve al equipo al carril del respeto continental y deja una imagen poderosa para el relato de la temporada: la noche en que el Bernabéu volvió a disfrutar viendo a su Madrid jugar y golear como en los tiempos buenos.
